domingo, 10 de febrero de 2019


PRIMER VIAJE:


LA CIGÜEÑA

La niña, se había pasado parte de la noche contando estrellas en la pequeña habitación. Era algo si más no insólito teniendo en cuenta que la ventana daba al patio y que lo único que podía vislumbrar a través de ella era solo oscuridad. Hacía tiempo que para apagar el miedo empezó a imaginárselas, revoloteando por doquier en la negrura de la pequeña estancia.

A veces se escondían, traviesas ellas, en medio de las cortinas, otras debajo de las camas. La pequeña se levantaba despacio e intentando no hacer ruido y las iba buscando. Solía encontrarlas por aquel halo de luz que por mucho que intentan disimular no tienen forma de esconderlo y por esas risitas nerviosas que no pueden evitar las estrellas cuando juegan al escondite con las niñas.

El hermano pequeño dormía apaciblemente en la pequeña cama que compartían de ahí el sigilo en sus juegos. Tía Dalia había marchado de forma precipitada a media noche, estaban esperando a la cigüeña y esta que era muy bromista solía aparecer casi siempre por la noche.

-      -    Pero ¿Por qué tenéis que estar todos esperando la cigüeña y yo no puedo ir? – había preguntado en medio de todo el nerviosismo del momento.

No hubo respuesta, María ya estaba acostumbrada a que los mayores no tenían respuestas para todo y menos cuando estaban ocupados en otros quehaceres. Sabia, eso sí, que las cigüeñas eran las porteadoras de los niños, que solían un hatillo en el pico donde iba cómodamente instalado un bebe. Sabia también que las cigüeñas eran muy despistadas y que por eso los mayores que la esperaban solían estar muy pendientes de su llegada ya que más de una vez había dejado caer el hatillo por la chimenea con tan mala suerte que él bebe no había sobrevivido o bien se había hecho daño en su cabecita. Pero si en el piso de Córdoba no había chimenea ¿Por qué estaban todos los mayores alborotados en la parte principal del piso esperando a la cigüeña?

Estaba María intentando dilucidar tanto misterio cuando de golpe se abrió la puerta, tía Dalia entró sonriente y gritando:

 - ¡Venga niños despertar que ya tenéis una hermanita!

María empezó a saltar en la cama, la alegría la rodeaba por doquier, era ese su deseo más ferviente, el que le pedía sin tesón a las cigüeñas cuando pasaban:

-       -  Que sea una niña, que sea una niña, que sea una niña…….

Víctor abrió los ojos enfurruñado:

-        - No vale, yo quería un hermanito….

·      *  Ignoro si nuestro inconsciente recuerda alguna cosa de ese nuestro primer viaje, ese viaje en el que llegamos sin maleta ni equipaje abriendo los ojos a la vida. Mis recuerdos no llegan ni a insinuar nada de lo que ocurrió ese día ni los posteriores. Mis memorias de esos días pertenecen a mi hermana una niña de nueve años que me esperaba llena de ilusión. Este cuanto está basado en sus recuerdos, los mejores regalos que mis hermanos me han ido haciendo son esos recuerdos que los otros guardan para ti.



Mis hermanos estaban antes de que yo llegara


Mis primeras fotos

Los baños en verano....


La familia al completo.




LIBROS LEIDOS Y ESCUCHADOS EN EL 2021

  LECTURAS DEL AÑO 2021, VIAJANDO CON LA IMAGINACIÓN Y CON EL ALMA...... Un año más nadando entre lecturas y en este año se suman las audici...